24 ene 2011

“Tomemos la historia por asalto”

En honor a ti,
Comandante Fabricio.


"Tomemos la historia por asalto"

Hace dos años, durante una movilización opositora en memoria del 23 de enero de 1958, un grupo de jóvenes comunicadores alternativos de Ávila TV y medios comunitarios dieron con un descubrimiento que revolucionó la palestra pública.

Todos reímos en 2009 mientras los jóvenes de la oposición lograban su entrada triunfal al salón de la fama de la Fundación “Manuel Rosales Somos Todos” al afirmar que el 23 de enero celebraban con júbilo el Natalicio del Libertador, y en el caso más “seguro y fundamentado” el derrocamiento de Fidel Castro.

Dicho hecho puede ser motivo de burla momentánea, pero más allá de pensar ¿cuán ignorante puede ser las juventud socialdemócrata?, debemos enfocar la concentración en preguntas como ¿qué piensa nuestra juventud? y ¿cuál es su conocimiento y sentido pertenencia histórica de los hechos?

Es preocupante que a 11 años de revolución aún haya universitarios que hablen de la caída y no del derrocamiento de la dictadura Pérez Jiménez, y que a estas alturas de la historia todavía reconozcan a Rómulo Betancourt como el “padre de la democracia”. El punto fijismo no se tomo 40 años en vano y es nuestra tarea destruir ese conjunto de conceptos que han insertado en el imaginario colectivo a través del sistema educativo y medios de comunicación.

Nuestro comandante Chávez comprende que para la trascendencia del proceso revolucionario es necesario transformar la concepción de la historia, y en el año 2008 con referencia a la colonización el presidente mencionó:

“¡Qué vamos a seguir hablando nosotros del descubrimiento de América![…] Habría que invitar a los gobiernos de nuestro continente, del Caribe, de América Latina, a que revisemos la historia y no sigamos rindiendo culto, tributo y honores a quienes perpetraron el más grande genocidio que se recuerde […] El descubrimiento de América, es una falsificación de una terrible historia”.

Los resultados de acción se reflejan cada vez que celebramos el Día de la Resistencia Indígena. Por fín dejamos atrás, de una vez por todas, la farsa de la colonización y reconocimos la devastadora succión de recursos a las venas abiertas de nuestra América Latina.

Al igual que el racista “Día de la Hispanidad”, la burguesía venezolana nos robó el 23 de enero de 1958 con pantomimas sobre Rómulo Betancourt y Rafael Caldera.

El 23 de enero de 1958 existían condiciones como para que el movimiento popular diera un salto cualitativo hacia una revolución con el pueblo a la cabeza.

En 1957, por idea del Partido Comunista de Venezuela (PCV), se fundó la Junta Patriótica como  organismo de movilización de masas para unificar las luchas y evitar que se prolongara en el poder el dictador Marcos Pérez Jiménez. El movimiento, con “bandera de la unidad por el respeto a los derechos y libertades consagradas en la Constitución”, hizo un llamado a respetar el derecho al voto y a los resultados del referéndum anunciado por Pérez Jiménez.

Muchos se preguntaran ¿cómo alguien puede ser dictador cuando llama a referéndum poniendo en peligro su mandato?. Fundamentalmente el plebiscito consistía en responder si está usted de acuerdo con que continué en la presidencia el General Marcos Pérez Jiménez, y si acepta a los candidatos del gobierno al Congreso Nacional, a las Asambleas Legislativas y a los Concejos Municipales.”

Actualmente, esta pseudo-oposición llama dictador al camarada presidente Chávez. Debemos comprender que la burguesía venezolana jamás reconocerá que en los 11 años del proceso revolucionario el pueblo ha ejercido su derecho a consulta y elección democrática directa en 13 ocasiones.

Comparando el método referendario actual con el plesbicito de la dictadura del 58, el Consejo Supremo Electoral (CSE), seleccionado por “obra y gracia del espíritu dedo” de la dictadura, se encargo del maniatar el proceso y resultados del plebiscito. Al leer detenidamente la pregunta se interpreta que de ser afirmativa la respuesta y favorecer a la dictadura “los postulados del gobierno ocuparían los cargos inmediatamente”. Lo más evidente es que en el reglamento del plebiscito el CSE no especificaba que sucedería en caso de vencer la opción del “no”. En nuestros once (11) años revolución popular, cuatro (4) de los trece (13) comicios electorales celebrados han sido del tipo referéndum. En ellos, la pregunta a realizar ha sido consultada a comisiones de todos los partidos políticos, según dicta el reglamento, antes de llevar a cabo las elecciones, para asegurar el ejercicio de una consulta democrática y transparente.

Retomando la transición hacia la mal llamada democracia, encontramos que el camarada Fabricio Ojeda de la Unión Republicana Democrática (URD) fue el personaje de mayor relevancia dentro del movimiento civil que derrocó la dictadura. Fabricio Ojeda, destacado periodista, se le encargó presidir la Junta Patriótica y entre sus hazañas la organización de la estudiantil del 57 y la paralización de los periódicos que detonaron la huelga general del 21 de enero.

EL PCV y URD, fundadores de la Junta Patriótica, anexaron a partidos de tendencias socialdemócratas y como Acción Democrática y COPEI en función de fortalecer la lucha contra Pérez Jiménez. Durante 4 décadas y contando, los medios de comunicación han alterado la historia negando el origen de la revolución del 58, dando el crédito a Rómulo Betancourt y su camarilla de adeco-copeyanos que traicionaron los verdaderos intereses de la Junta Patriótica y el movimiento popular revolucionario.

Tres días antes del hundimiento del dictador, los traidores al movimiento popular, Rómulo Betancourt (AD), Rafael Caldera (COPEI) y Jóvito Villalba (URD), firman el “pacto de Nueva York” bajo la tutela del jefe de Asuntos Latinoamericanos del Departamento de Estado, Maurice Bergbaum. Bajo las influencias del departamento de estado se sella la llamada “unidad de los sectores democráticos” contra la dictadura, marginando y excluyendo al Partido Comunista de Venezuela y otros sectores de izquierda. Dicho “pacto de nueva york” se selló con la firma del conocido “pacto de punto fijo” y determinó medio siglo de picada de torta bipartidista entre AD y COPEI.

Derrocada la dictadura y respetando los principios de la organización, Fabricio Ojeda emite la primera alocución de Junta Patriótica señalando que la misma “representaba todos los matices políticos, sin ninguna bandera en particular”.  Sin embargo, a cuatro meses de celebrarse las elecciones, Rómulo Betancourt (AD), Rafael Caldera (COPEI) y Jóvito Villalba (URD) firman un “compromiso preelectoral” se comprometían a establecer un gobierno de unidad nacional donde cada uno de los firmantes tendrá igual representación gubernamental, execrando a movimientos sociales de vanguardia revolucionaria y partidos de izquierda que formaban parte de la junta, tales como el PCV y al Movimiento de Integración Republicana. A este compromiso preelectoral y traición al movimiento revolucionario se le conoce como “Pacto de Punto Fijo”

Con la llegada de Betancourt al poder, los firmantes del pacto de punto fijo ocuparon el gobierno. Sin embargo, Las contradicciones entre la predica y la practica de Betancourt crea diferencias con URD quien se retira del pacto en el 62.

En ese mismo año, el camarada Fabricio Ojeda en su condición de diputado abandonó “su comodidad por la miasma fétida del campamento” y toma el fusil para ejercer la lucha armada revolucionaria en contra del fascismo de Betancourt. Fabricio en su “carta de renuncia al parlamento” define el 23 de enero de 1958 como un simple cambio de unos hombres por otros, un cambio de nombres. Nada hizo Betancourt para libera al pueblo del capital extranjero y de la opresión del trabajo asalariada que tanto aludió. Y es más, agudizó las contradicciones sociales de tal modo que el país fue dividido en dos: los que tienen todas las garantías, y los que no tienen ninguna.

A diferencia del supuesto padre de la democracia, el camarada comandante Chávez y su proyecto bolivariano impulsó el proceso de transformación social que, sin hablar de números, rompió con los esquemas de atención al pueblo. Entre ellas está la redistribución de la riqueza con el aumento salarial digno; la protección del trabajador con el decreto de inamovilidad laboral; la redistribución de las fuerzas productivas en manos de los trabajadores a través del control obrero sobre medios de producción como Sardinas La Gaviota y Agropatria, las reivindicaciones sociales en materia de salud con las misiones Barrio Adentro y la Escuela Latinoamericana de Medicina; en materia de educación existe una nueva concepción de la educación como Bien Social y no como servicio, eliminando la posibilidad a mercantilización; la nueva Ley Orgánica de Educación institucionaliza el Estado Docente que regula el desarrollo integral de estudiantes y docentes; Las Misiones Robinson, Rivas y Sucre como proceso de inclusión total a la educación; y pare usted de contar.


Luego de las elecciones del 26 de septiembre de 2010 y la reinserción de una minoría opositora al parlamento, la derecha reclama supuestos atropellos del comandante Chávez contra sus parlamentarios que impiden el debate y el ejercicio democrático. Por otra parte, denuncian que no hay  independencia en los poderes del Estado, condición indispensable para la democracia.

Echemos otro ojo a la historia, Betancourt en repetidas ocasiones violó la independencia de poderes negando al parlamento la Radio Difusora Nacional para transmitir las sesiones de la cámara de diputados. Esto sin mencionar que el “padre de la demagogia” apresó a los camaradas Jesús Faría, Gustavo Machado, Eduardo Machado, Jesús María Casal y Jesús Villavicencio, todos diputados y bajo condición de inmunidad parlamentaria. En comparación, existen claras pruebas de la apertura del debate parlamentario en la Venezuela Bolivariana. Asamblea Nacional Televisión (ANTV) presenta en vivo y directo, día a día y minuto a minuto, las ponencias de los representantes de cada uno de las toldas políticas. Además, el pasado 20 de enero de 2011 todos observamos al Diputado Julio “CJ” Borges, de Primero Justicia, abusando de su derecho democrático al atentar públicamente contra camarada presidente de la Asamblea Nacional, Fernando Soto Rojas (PSUV).

El gobierno de Betancourt suspendió las garantías de forma permanente en el 63 y ejecutó la prohibición y sistemática persecución de los partidos PCV y Movimiento Izquierda Revolucionaria (MIR), desde entonces estos partidos pasaron a la clandestinidad. Actualmente, militantes del partido Un Nuevo tiempo están involucrados en los actos vandálicos de las oficinas del Instituto Nacional de Tierras. Sin embargo, el gobierno revolucionario no ha tomado represalias contra la tolda política y solo apresó a los responsables de los hechos, respetando sus derechos humanos.

Actualmente el rectorado del Consejo Nacional Electoral esta compuesto por sujetos imparciales y algunos que están vinculados a sectores de la extrema derecha. Muchos alegan que tenemos un CNE vendido que arregla las elecciones para que la revolución salga victoriosa, pero jamás han presentado pruebas como las que presentó la revolución al encontrar al Rector del CNE, Vicente León, almorzando con el director vitalicio de AD, Henry Ramos Allup. Hasta el día de hoy, el polémico rector sigue en su lugar de trabajo y no ha recibido ninguna presión por parte del gobierno, clara demostración de respeto a la dinámica propia del CNE como poder independiente.

Luego de vencer la concesión de RCTV, la derecha nacional e internacional se lanzó al campo mediático a decir que en Venezuela no hay Libertad de expresión, alegando un supuesto cierre para cercenar a RCTV y la voz del pueblo. Derrocada la dictadura de Pérez Jiménez, 1958 fue un año de completas libertades para el periodismo. Obviamente, Betancourt necesitaba una herramienta para institucionalizar al gobierno y los medios hicieron una gran labor defendiendo su propósito. Luego de las elecciones de diciembre de 1958, comenzaron presiones sobre los impresos El Nacional, La Nueva Prensa La Razón, Izquierda, Tribuna Popular, Clarín, La Hora, El Imparcial, El Tiempo, El Día y El Venezolano.

Entre los métodos coercitivos encontramos expulsar a los propietarios y periodistas, decomisar impresiones y maquinarias, asaltar los talleres y deposito, suspensión temporal hasta la clausura definitiva de los diarios. Quién ha visto desde que llego la revolución un decreto de censura similar al que emitió el Ministerio de Relaciones Interiores de Betancourt en 1962:

“Se ordena que todas las publicaciones del país, sea cual fuere su naturaleza, se abstenga de dar informaciones relacionadas con el orden público (…) sin consultar previamente con los funcionarios designados al efecto por este Despacho, o por las respectivas gobernaciones del Estado” (julio 6, 1962)
           
            Durante la revolución bolivariana se ha socializado el espectro radioeléctrico y los medios alternativos, libres y comunitarios, y su idea de comunicación popular, se han robado con la atención del pueblo. Campesinos, obreros, consejos comunales, estudiantes, deportistas, cultores y teólogos liberadores tienen igual oportunidad para los espacios de comunicación.  Además, con la nueva ley de Responsabilidad Social de Radio y Televisión se abrió un espacio obligatorio para la Producción Nacional Independiente excluida en el pasado.

            Al igual que Fabricio, no concibo como un gobierno que se hace llamar obrerista o popular y democrático como el de Betancourt, haya “prohibido que la Unión Nacional de Mujeres un acto en el Palacio de los Deportes de Caracas para hablar de la devaluación del bolívar” y el costo de la vida. No comprendo como pudo arremeter contra los obreros por celebrar el Día del Trabajador. No lo comprendo porque después de tanto tiempo y tanta mentira, aún en los libros de historia de nuestros niños y niñas se presenta semejante tirano como el “padre de la democracia”.

Vale acotar la libertad con que la oposición actual transita por las calles ejerciendo su derecho a libertad de expresión y a protestar sus diferencias con la revolución socialista. Además, se toman la libertad de insultar y ofender, en televisión y otros medios, a todo el que se les antoje.

            Camaradas, la democracia no es solo ejercer elecciones o votar para ver que representantes de la burguesía decidirán por nosotros. La democracia real se ejerce con la voluntad del pueblo y esto solo se logra con la transferencia del poder al pueblo, el poder popular. Es decir, en la aprobación de una Ley de Tierras que proteja y le de propiedad de tierra al campesino que la trabaja, a una Ley de Educación, en una Ley del Comercio que acabe con los especuladores y los monopolios, y esto solo se logra cuando el pueblo se transforma en legislador de sus propias leyes.

La prueba de una verdadera democracia es el llamado del comandante al debate y construcción de leyes desde las bases. El caso más concreto, la Ley de Educación Universitaria que fue vetada por el propio presidente en función del debate popular y construcción colectiva. Quien mejor que el pueblo mismo para defender sus intereses.

            Es de suponer la dificultad que nuestros camaradas de los 60 tomaran no tomaran las armas ante la represión y tortura de Rómulo Betancourt, “el padre de la demagogia venezolana”. Por ello reivindicamos a los camaradas que, al igual que Fabricio Ojeda, Argimiro Gabaldón y José Manuel Saber, tomaron las armas para ejercer la violencia revolucionaria contra la violencia burguesa que desapareció, torturó y masacró de “manera legal” a nuestro desarmado e indefenso pueblo.

Camaradas, debemos combatir, sin tregua alguna, este guión impuesto sobre la pseudo-democracia punto fijista. La historia es parte fundamental de nuestra identidad como diría Fabricio Ojeda debemos “hacer justicia y darle lo que es del pueblo al pueblo”. Tomemos las armas de las ideas y combatamos en todos los escenarios a cada una de las mentiras que alejan de nosotros el arma más preciada por la cuarta república y el punto fijismo, nuestra historia.

Ni un día de historia más para la burguesía.

 Por la patria y por el Pueblo.

 ¡VIVA LA REVOLUCIÓN, CARAJO!


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